Luis Dinorín
El miércoles 10 de junio de 2026, Julieta Venegas presentó su Norteña Tour en el Auditorio del Complejo Cultural Universitario (CCU) de la BUAP.
Desde las 19:30 horas, pequeños puestos de playeras y recuerdos no oficiales se instalaron a las afueras del complejo; los productos rondaban los 150 o 200 pesos. Al ingresar, el contraste con el merchandising oficial era notable: una playera costaba 500 pesos, una taza de buen tamaño 300, y las gorras, disponibles en diversos colores, tenían el mismo precio. Los boletos se ofrecieron tanto en plataformas digitales como en taquillas, incluso con un 25 por ciento de descuento en los últimos días y facilidades de pago de 3 hasta 12 meses sin intereses, según la entidad bancaria de cada persona.
Antes de entrar al recinto, la oferta de consumo era variada, aunque costosa. Mi cámara captó algunos precios: una copa sencilla de Don Julio reposado costaba 200 pesos, la doble 400, el litro 800 y la botella 2,500. Si se optaba por un tequila 1800, la copa sencilla costaba 180, la doble 360, el litro 720 y la botella 2,000. Estos pequeños detalles logísticos no le importaron mucho a los fans, y mucho menos son problema de la gran artista que es Julieta Venegas.
Algunos de nosotros asistimos tras una jornada laboral y pagamos cuentas de 380 pesos por un bote de papas fritas, una Coca-Cola de 600 ml, un cuernito y una cerveza Indio. Ni modo, el hambre es canija. Por todo eso ingresamos tarde, alcanzando a escuchar apenas dos canciones de Ale Aguirre, una cantautora telonera que bien podría ser paisana de Julieta.
A las 20:05, el staff daba los últimos detalles a la afinación de la batería y, cinco minutos más tarde, las luces probaban su intensidad, pasando de los rojos a los azules a buen ritmo. Fue a las 20:17 cuando finalmente apareció la tijuanense, luciendo un sombrero y un pantalón amplio.
Empezó el repertorio con el primer track de su nuevo disco. Luego de unas cuatro canciones, soltó uno de sus éxitos anteriores, “Algo está cambiando”, desatando la emoción de los asistentes. Cuando interpretó “Amigas” —tema que grabó en este disco junto a Natalia Lafourcade—, noté que detrás de mi asiento estaba un club de fans de unos ocho jóvenes que rondaban los 20 años; de esos que realmente merecen estar hasta adelante.
Este concierto va cronometrado por un exagerado como yo. Cuatro minutos antes de terminar la primera hora, Julieta cantó “Tengo”, parte de lo nuevo que grabó junto al cantautor sinaloense David Aguilar. Poco después de las 21:00 horas, interpretó “Esquina de mar” y otros temas de su reciente trabajo, pero en el primer cuarto de esa hora, el recinto volvió a enloquecer cuando interpretó su clásico “Lento”.
El tiempo siguió su marcha y, a las 21:27, la cantautora presentó “Celebremos”, un tema dedicado a su padre y a todas las personas que cumplen años en este mes. A estas alturas, el grupo de fans que intenta robarse la crónica ya bailaba en parejas. Más adelante, Julieta rindió un homenaje a Juan Gabriel al interpretar el clásico “No me vuelvo a enamorar”. A lo largo de todo el repertorio, Julieta fue reconociendo a cada uno de sus músicos y pidiendo un aplauso para quien nombraba esporádicamente.
El clímax llegó a las 21:38, cuando Julieta interpretó “Sí”, ese tema que comienza con la frase: “Hay tanto que quiero contarte”. Para este momento, sus fans ya le habían gritado más de cinco veces: “¡Julieta, te amo!”. Mientras tanto, la cantautora mostró una ligera molestia al notar que una supuesta fan prefería grabarla con el celular antes que disfrutar el momento en vivo.
El final se acercaba, pero faltaban éxitos por escuchar: a las 21:41 todos cantamos “Eres para mí” y, a las 22:00 horas, Julieta se preguntaba “¿A dónde va el viento?”. Mientras esto sucedía y el calor aumentaba, algunos asistentes comentaban que hizo falta una pantalla gigante para apreciarla mejor, sobre todo para quienes somos débiles visuales.
Algunas chicas asistieron vestidas como la cantante, con botas y sombrero. Era evidente: Julieta Venegas no se iría del auditorio sin interpretar “Limón y sal” y “El presente”, clásicos con los que decidió cerrar el concierto. El evento terminó unos 15 minutos después de las 22:00 horas.
En vivo, Julieta se presentó con nueve músicos en un formato de banda norteña, incluyendo metales como el saxofón. Aún a la distancia, el CCU cuenta con un excelente sistema aéreo de audio, lo que permitió escuchar con gran calidad. Los «chismosos» del evento cuentan que algunos boletos de las primeras filas fueron ofrecidos a quienes laboran en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
“Que podamos seguir compartiendo y conectándonos a través de la música, que es lo más bonito que hay. Para mí lo más valioso es que ustedes nos den esto, compartir de esta manera”.
“¡Hasta pronto, Puebla querida!”, dijo Julieta antes de su último tema, donde nos recordó: “El presente es lo único que hay”.











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